
Tuvo que estirarse la piel gozada del sol para perfilar las manchas rojas de su cara. El negro bordeó la boca y el círculo de un ojo. Claridad gramínea en su pelo, claridad en sus ojos, rojo y blanco ante el escaparate de ropa.
Tránsito en todo, hasta en la calle. Paradoja de su trabajo inmovil.
Me sugirió eso y los colores de Klee.
Ni un céntimo en el bolsillo.Lo siento. Hablaron los dedos del fotógrafo estableciendo con el futuro una nueva deuda.